Porque me he dado cuenta que no vale la
pena darle importancia a las cosas que no la tienen. La vida es
ahora, no ayer ni mañana. Nos creemos muy sabios, pensamos que todo
lo sabemos. Pero aun nos quedan muchos errores por cometer,
demasiadas lecciones por aprender. Tropezaremos hasta que nos sangren
las heridas, pero luego todas terminan por cicatrizar. El tiempo es
una tirita que junta los pedacitos que quedan de aquello que has
sido, y que quizá nunca volverás a ser. Crecemos. Maduramos. Solo
que no siempre al ritmo necesario. ¿Qué sabremos nosotros de la
vida? Cada problema, cada obstáculo parece un mundo que nos impide
tener lo que esperamos, hacer lo que queremos. Aunque si algo he
aprendido, por poquito que sea, es que hundirse realmente no sirve de
nada. Las cicatrices no son malas, nos recuerdan las equivocaciones
que hemos tenido, las lágrimas malgastadas. Pero también que
aquello por lo que luchamos fue real, que las metas no siempre se
consiguen pero son necesarias para poder guardar un poquito de
ilusión debajo de la almohada. Yo estoy llena de pequeñas
cicatrices. Y la verdad esque estoy orgullosa de todas y cada una de
ellas.
Cuando crees que todo ha pasado, que
todo ha vuelto a la calma, que ya lo has olvidado, que todo es
pasado, que ya es una etapa nueva, que lo has dejado atrás, ya, se
acabó, que él, esta completamente borrado del mapa.De repente te
das cuenta, de que no has podido estar más equivocada.
Que puedes intentarlo mil veces, recordarle a tus cabeza sus 1001 defectos, todo el daño que te ha hecho, pero sabes que el corazón hace tiempo que dejó de hacerle caso, que ha decidido ir a su aire. No puedes evitarlo, tu cabeza sigue pensando en esa cara de niño bueno, en esa sonrisa que parece caída del cielo. Y en el fondo sabes que sigue siendo importante, y que lo seguirá siendo durante mucho tiempo. Porque, al final, donde hubo fuego, quedan cenizas, y solo se necesita una chispa para reavivarlo.
Que puedes intentarlo mil veces, recordarle a tus cabeza sus 1001 defectos, todo el daño que te ha hecho, pero sabes que el corazón hace tiempo que dejó de hacerle caso, que ha decidido ir a su aire. No puedes evitarlo, tu cabeza sigue pensando en esa cara de niño bueno, en esa sonrisa que parece caída del cielo. Y en el fondo sabes que sigue siendo importante, y que lo seguirá siendo durante mucho tiempo. Porque, al final, donde hubo fuego, quedan cenizas, y solo se necesita una chispa para reavivarlo.
No soy feliz, soy lo siguiente. He
aprendido que lo pequeño se hace más grande día a día, que hay te
quieros que llenan, miradas que matan, sonrisas íncreibles, lágrimas
desgarradoras, he aprendido que en esta vida hay que joderse los
Lunes y alegrarse los Viernes, he aprendido a vivir de los pequeños
detalles.
Te quiero. Te quiero como le quiere el polo positivo de un imán al negativo. Como le quiere la música a los altavoces. Como le quieren los anillos a los dedos. Igual que las estrellas al cielo de cada noche. Te quiero como el paracaidista al paracaídas, o al avión. Cuando me miras te quiero como se quieren la comida y la sal. Como el nesquik quiere a la leche, o quizás como la quiere el café y el azúcar. Te quiero como se quiere a un paraguas en un día de lluvia, como al agua fría en agosto. Te quiero como le quieren cada uno de mis te quieros a tus oídos y a la sonrisa que vendrá después, igual que le quiere mi mente a tu recuerdo, igual que mis brazos a tu cuello. Te quiero de esa forma inexplicable, de esa forma tan necesaria, esa preciosa forma.
.jpg)